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Desde hace más de 6 meses, los Palestinos sufren por parte de los «israelíes» lo que parecía inimaginable. Lo impensable se ha convertido en una realidad. La máscara cayó. «Israel» comete un crimen de lesa humanidad. En Francia, la propaganda descarada y engañosa normalizaba «Israel», que sería un Estado como otro, «democrático» con, además, el ejército ¡«más moral del mundo»! Pero desde el 7 de octubre, esta creencia se derrumbó. «Israel» aparece por lo que realmente es. Un Estado colonial que, como tal, no tiene otro objetivo que la expansión permanente y la aniquilación del pueblo colonizado. Desde el 7 de octubre, «Israel» se ha convertido en sinónimo de crimen. Incluso la muy prudente Corte Internacional de Justicia ha alertado sobre los riesgos genocidas de los bombardeos masivos y continuos del ejército sionista. «Israel» se ha convertido en sinónimo de genocidio. La realidad ha superado a la propaganda. La toma de conciencia de la verdadera naturaleza de la entidad sionista ha dado un paso de gigante.

A pesar de todos los medios militares utilizados para aniquilar a la sociedad palestina, a pesar de las apariencias, a pesar de las destrucciones bárbaras y de los miles de muertos, el ejército más poderoso del mundo queda estancado. No logra destruir los túneles, ni desmantelar las organizaciones de la Resistencia y mucho menos liberar a los prisioneros «israelíes» que están en manos de los palestinos. «Israel» sufre un amargo fracaso, mientras que la resistencia exterior, la de los libaneses, de los yemeníes y de los iraquíes se refuerza. Fracasado, sin poder hacer frente a todos los frentes, «Israel» queda atrapado en la trampa en la que caen todas las potencias coloniales. Es imposible ganar una guerra colonial, a pesar de la desproporción de fuerzas, porque la resistencia es el pueblo y el pueblo es la resistencia. Sobre todo, cuando la resistencia supo prepararse y ajustar su respuesta a la especificidad del enemigo.

«Israel» solo apostó en la superioridad de su fuerza militar y el apoyo indefectible occidental, pero no midió objetivamente las capacidades de resistencia del pueblo palestino ni el apoyo del que podría beneficiarse de las fuerzas de resistencia en algunos países árabes. Por poderoso que pueda parecer, con medios militares y de inteligencia sofisticados, «Israel» está en camino de ser derrotado. Pero le queda una baza por jugar: generalizar la guerra. En varias ocasiones, los «israelíes» provocaron a Irán, sospechoso de todos los males. La última provocación fue la destrucción del consulado en Damasco y el asesinato de altos funcionarios iraníes. Debido a que se encuentran en un callejón sin salida, los «israelíes» desean que Estados Unidos y los occidentales se impliquen directamente en una guerra contra Irán acusado de apoyar la resistencia de los palestinos. Desean la guerra de todos contra todos. Desean una guerra mundial para preservar sus privilegios coloniales al servicio del imperialismo occidental. Sus privilegios deben estar por encima de cualquier otra consideración. Por encima de la vida humana. Y cuentan con la islamofobia para legitimar su guerra contra la resistencia palestina e Irán. Pero, una vez más, los dirigentes «israelíes» se equivocan en los cálculos. El crimen cometido desde hace un siglo en Palestina luce tan evidente hoy que el recurso a la islamofobia se ha convertido en un arma ineficaz.

La guerra de todos contra todos y el odio de todos contra todos es una estrategia concebida y aplicada desde hace mucho tiempo. A nosotros, corresponde   frustrar este funesto proyecto, este complot imperialista contra los pueblos. A nosotros, aquí, nos corresponde informar, movilizar, fortalecer y actuar donde sea posible. La guerra de todos contra todos no la queremos. El odio de todos contra todos, no lo queremos. Queremos justicia en Palestina y en el mundo entero.

¡Palestina vivirá, Palestina vencerá!

Comité de Acción Palestina

Burdeos, 13 de abril 2024

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